Por una reforma educativa: septiembre 2011
Por una reforma educativa
Un cuaderno de debate para todas aquellas personas interesadas
en una reforma radical del sistema educativo español.
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miércoles, 28 de septiembre de 2011
Una educación para los peores
Por Joan Font Rosselló, publicado en El Mundo-ElDía de Baleares el 27 de septiembre de 2011.

La propuesta del Govern de ampliar las horas lectivas ha merecido las previsibles críticas de los sindicatos. Como siempre, el más claro y diáfano ha sido el secretario general del STEI, Gabriel Caldentey, que ha afirmado que pasar de las 18 actuales a las 21 horas semanales se traduciría en “menos tiempo para los profesores para preparar material para los alumnos que necesitan de atención especial, diversificación o refuerzo”. Lo relevante es donde pone el acento Caldentey, en los peores alumnos, aclarando nuevamente que la auténtica finalidad de la enseñanza en España no es tanto lograr la excelencia como perseguir la equidad. Caldentey está en sintonía con los principios inspiradores de la LOGSE y su hijuela la LOE. La escuela pública debe estar al servicio de la integración de los peores alumnos, para “que sean como los demás”, nivelándolos a todos aunque el nivel medio baje considerablemente perjudicando así al resto. Aumentar las horas lectivas es, para el STEI, un paso hacia una educación menos igualitaria porque restará tiempo a los profesores para la diversificación, los planes de refuerzo, las adaptaciones curriculares o la atención a la diversidad.





Un sistema educativo en el que prevalece la equidad sobre la excelencia acaba generando con el tiempo, naturalmente, un creciente número de alumnos fracasados que necesitan de un creciente número de recursos para alcanzar la “equidad” deseada. Se trata de una profecía autocumplida. De hecho, los últimos estudios ponen de manifiesto dos realidades estrechamente asociadas. Por una parte, un abandono y un fracaso escolar masivos. Y paralelamente, una falta preocupante de alumnos excelentes. En España contamos sólo con un 3% de alumnos considerados sobresalientes mientras en Europa este porcentaje se eleva al 15%. A mi juicio, más estremecedor que el fracaso (y abandono) escolar, es el bajísimo nivel con el que salen nuestros mejores estudiantes, los bachilleres, que les incapacita para hacer nada medianamente decente en el campo de la ciencia o en el mundo de las letras.
Las leyes educativas socialistas han conseguido el mismo milagro que consiguió el socialismo real en los paraísos comunistas donde logró implantarse. La redistribución de la riqueza llevada al extremo tuvo como consecuencia extender la pobreza a todo el mundo. Con la enseñanza ha ocurrido lo mismo, la nivelación equitativa produce cada vez más suspensos y menos sobresalientes. Hasta tal punto es así que basta pasearse por cualquier centro de enseñanza para percatarse de los recursos que se dedican a los alumnos buenos y motivados y los dedicados a los malos y desmotivados. Hablaba el otro día con un profesor y me decía que mientras en su instituto un solo curso de bachillerato –o sea, los mejores– tenía a más de 40 alumnos, superando en mucho las ratios reglamentarias, una docena de alumnos del mismo instituto a los que se daba ya por desahuciados pero a los que se mantiene escolarizados a la fuerza contaban con una maravillosa aula informatizada con las últimas novedades en tecnología educativa, además de un profesor de refuerzo aparte del titular.
Cuando a los peores se les dan todo tipo de facilidades que se les niega a los demás porque “no lo necesitan”, cuando se estimula la vagancia y no el esfuerzo, terminamos generando cantidades industriales de malos estudiantes donde la excelencia se convierte en una “rara avis” expuesta a la mofa de la masa feliz e ignorante. La compasión en exceso, como sabían los clásicos, tampoco es justicia.
Para aplacar las críticas, los políticos están ahora escenificando mediante solemnes actos institucionales entregas de premios a los mejores estudiantes. Se trata de otro canto a la hipocresía mientras en el día a día sigan manteniendo este desequilibrio entre los infinitos recursos que destinan a los peores estudiantes y los magros recursos que destinan a los mejores. Desde la perspectiva de la austeridad y eficiencia, obligatorios valores de moda, el rendimiento que sacamos a los ingentes recursos dedicados a los malos estudiantes con el propósito, sin duda bienintencionado, de recuperarlos para los estudios tiende a cero. Uno se pregunta si nuestra enseñanza no mejoraría si estos medios se dedicaran a los estudiantes con más posibilidades. La muestra más evidente ha sido el crecimiento exponencial de los departamentos de orientación en manos de los psicopedagogos, estos nuevos clérigos dedicados en cuerpo y alma a llevar al redil a las ovejas descarriadas, sean éstas alumnos o profesores “trasnochados”. La principal misión de los “psicopedas” consiste en perseguir por los pasillos a los profesores reticentes para que adapten sus asignaturas a los peores estudiantes, lo que a menudo se traduce en un incremento fútil de papeleo sin apenas resultados.
El problema de fondo es que los centros educativos han dejado de ser “centros” donde se enseña y se aprende. Su principal objetivo ya no es la transmisión de conocimientos, sino la “integración” y la “cohesión social”. Lo que debe evitarse a toda costa es que un mal alumno quede estigmatizado de por vida por no poder acreditar estudios. Hay que reinventar el sistema una y otra vez para que el alumno que no quiere estudiar, una víctima de la extensión de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, termine con un título, de lo que sea, pero un título en última instancia. El esperpento ha alcanzado tal magnitud que, como apuntaba Javier Mato, el Ministerio de Educación se está planteando poner en marcha un certificado que certifique que un estudiante no ha terminado la ESO pero que, me imagino, certifique que ha aprobado no sé cuantas asignaturas. Como lo leen, lo importante no es aprender, sino obtener un título para el mercado laboral.
En suma, el debate sobre si tienen o no tienen que realizarse recortes en educación es otra falsa polémica de las acostumbradas entre PP y PSOE. Depende de dónde y para qué. A diferencia de socialistas y nacionalistas, que sí saben lo que quieren y de quienes ya conocemos lo que dan de sí sus recetas, nadie sabe exactamente qué modelo educativo propone el PP, que habla mucho –sobre todo antes de las elecciones– pero que a la hora de la verdad, cuando gobierna, hace más bien poco, conformándose con reformas superficiales que no abordan el verdadero fondo de la cuestión.

(Lee aquí el artículo completo)
Publicado por Jorge Arturo Muñoz @ 14:47   Comentarios: 0
sábado, 24 de septiembre de 2011
Profesores más preocupados por su sueldo que por la enseñanza
Amigo lector: el artículo que va a leer a continuación da por completamente perdida a la educación pública. Rebaleares considera que la situación es todavía reversible, siempre que se introduzcan criterios de eficiencia y excelencia en el sistema educativo. De lo contrario, los males que señala Jorge Valín se harán realidad. Lo aprovechamos como oportunidad para abrir un debate claro y sin eufemismos.

Por Jorge Valín, publicado por Instituto Juan de Mariana el 21 de septiembre de 2011.

Una de las grandes falacias que usan los lobbies para mantener sus privilegios es apelar al miedo y al “bien común”. Nadie dice: “si eliminan mi puesto de trabajo, la empresa irá mejor”, o “si privatizamos el sector donde trabajo, éste será más competitivo, económico y ofrecerá más opciones al consumidor y ciudadano”. Claro, algo así iría contra el propio “privilegiado”. Los lobbies mantienen sus privilegios con un estado de amenaza constante. Le dicen al Gobierno: “si me elimináis mi estatus, haré manifestaciones y diré lo malo que eres en la tele”. Dicen a la gente: “si permitís que el Gobierno toque mis privilegios, os quedaréis sin servicio”, o “éste degenerará”.


Esto es lo que ha ocurrido este martes en Madrid con la manifestacióndelosprofesores. Este tipo de amenazas están tan trilladas ya que difícilmente se las cree alguien ya. Seamos serios, ¿es que puede ir peor la educación en España? Los profesores hacen el horario que les da la gana y no se adaptan para nada a las necesidades de los padres. Sus enseñanzas se basan en los libros que el Estado considera “aptos”, adoctrinando a los niños, adolescentes y jóvenes en el pensamiento único. Los colegios y universidades públicos son fábricas con el único propósito de crear borregos. Votantes en masa.

Recientemente un padre me dijo que la maestra de su hijo había dicho a la clase que los reyes magos no existen, que son los padres. Toda la clase lloró y la profesora se justificó afirmando que ya tenían edad para saber esas cosas. ¡No tanta si todos lloraron! Y es que, ¿es función de un profesor decir esas cosas? Se ve que en la escuela pública, sí.

En realidad, todo lo que dicen los “profesores públicos” es falso. Viendo los estragos que causan en las mentes de los pequeños y los resultados que está dando la enseñanza de cualquier ciclo en este país (hasta Grecia está por delante nuestro en el Informe PISA), solo podemos concluir que la educación pública ha de ser abolida de forma urgente. Las principales razones:

La educación pública solo crea una casta de privilegiados, los profesores, que siempre lucharán primero por sus intereses corporativistas (sus privilegios) que por los valores ligados a su trabajo al no depender del favor de los padres. No es el ciudadano quien ha de elegir, ni el Estado, sino la unidad familiar, tenga la forma que tenga ésta.

La educación es soberanía individual, de los padres, no del Gobierno ni ningún profesor. Un mecánico nos ha de arreglar el coche, pero no tiene derecho a manipularlo como le venga en gana en pos de “una sociedad mejor, más justa, más igualitaria…”. Un profesor es un técnico y ha de estar a las órdenes de los padres y tutores. Punto.

La educación pública es un monopolio que no deja avanzar la diversidad. Solo hay las materias que el Estado dicta. Abolir la educación pública no solo significa que se privatice el sector, sino apartar al Gobierno del todo y para siempre de la enseñanza. Ésta la eligen los padres, no burócratas.

La educación pública nace del latrocinio y del crimen. Desde que nacemos hasta que morimos estamos pagando la educación de otra persona sin ni siquiera conocerla. Es la máxima irresponsabilidad de esta sociedad. Cada persona ha de pagar por aquellos servicios que consume. De no ser así, la complacencia, dejadez y empeoramiento de la enseñanza irá en crecimiento. España lo ha visto muy bien.

La enseñanza no puede estar a merced de los políticos. Cada vez que cambia el Gobierno, nos encontramos con un modelo educativo diferente basado en los valores del Estado que ningunea a los padres. El Estado no crea buenos ciudadanos, el ciudadano crea buenos ciudadanos.

La enseñanza puede ser un sector lucrativo que cree puestos de trabajo y riqueza. Todo lo que regula el Estado queda inerme y devastado. Las escuelas no son un negocio debido al efecto expulsión (crowding out). No puede haber competencia, ni diversidad de precios. En un sistema donde el Estado domina la producción en monopolio, toda alternativa siempre será carísima.

La educación pública no es gratis. Es cara e ineficiente. Si la enseñanza fuese “gratis” significaría que los recursos son ilimitados y los profesores no tendrían que cobrar por ello, o que, al no valorarla nadie, se “regalaría”. No es así, todos los padres quieren una buena educación para sus hijos. Buena educación que el Estado, hasta ahora, no ha podido dar.

La educación obligatoria no garantiza un futuro mejor. En este país tenemos educación obligatoria hasta los 16 años y una de las tasas más altas de desempleo juvenil del mundo. Sí, más que en Palestina, Marruecos, Egipto o Túnez. El “pleno empleo” lo da el nivel de desempeño, capacidad de autoformación y ambición, no pasarse media vida estudiando tonterías desvinculadas del mundo real que nunca usaremos.

La educación pública no ha hecho que los pobres dejen de serlo por sus profesores. Quien no quiere estudiar no lo va a hacer aunque lo metan siete horas en un aula. Una escuela no es un correccional. La sociedad ha de crear incentivos para que los jóvenes vean útil estudiar. Otro gran fracaso del Estado al tomar esta responsabilidad bajo su mandato. ¿Para qué estudiar si luego pasamos de curso, no encontraremos trabajo o podemos vivir de ayudas?

En estas épocas de crisis, Cáritas ha dado de comer a más de un millón de personas. La iniciativa y empuje privado es millones de veces más fuerte que las burdas promesas y leyes del Estado. Si apartamos para siempre a los políticos de la enseñanza, cientos y miles de organizaciones, mecenas y empresas que promocionen el talento pagarán los estudios de niños, adolescentes y jóvenes.

Los profesores no son un fin, sino una herramienta. El actual sistema estatal de educación protege al lobby de los maestros para recaudar votos. Los niños y padres son instrumentos que sufren cada día los desvaríos de este colectivo. El profesor es un técnico. Trabaja por un sueldo, como todos hacemos; y ha de depender de los padres, de sus clientes. Si depende del Estado, la sociedad está desamparada.

La educación pública es muy conveniente para los funcionarios que la ejercen, los profesores con amplios privilegios sociales y dinerarios; pero nada tiene que ver con el bienestar y nivel de excelencia que buscan los padres. Sospeche del “profesor público”, no quiere ningún bien para su hijo ni para usted, solo pretende vivir de usted disfrazando sus privilegios de “bien común”.
(Lee aquí el artículo completo)
Publicado por Jorge Arturo Muñoz @ 16:14   Comentarios: 5
viernes, 16 de septiembre de 2011
Una sociedad enferma
Por Xavier Pericay, publicado en ABC el día 10 de septiembre de 2011

Ocho de cada diez. Esa es la proporción de catalanes que, según la encuesta publicada ayer por este periódico, desearían que la enseñanza pública en Cataluña se impartiera en ambos idiomas oficiales. Aunque mejor sería hablar —precisión obliga— de 8,1 de cada 10. O, si lo prefieren, de un 81% de la población. El 19% restante se divide entre el 3% que no sabe, no contesta, y el 16% que desea que la enseñanza se imparta en una única lengua —porcentaje que corresponde, a su vez, a un 15% que la quiere sólo en catalán y a un 1% que la querría sólo en castellano—.


Las cifras, sobra decirlo, son muy reveladoras. Por un lado, ese 81% de ciudadanos partidarios del bilingüismo en la escuela se contrapone al 85% de diputados autonómicos —todos menos los de PP y Ciutadans— que se declaran partidarios de la inmersión lingüística en curso, de lo cual se desprende que, en esta materia como mínimo, los afanes del 81% de la población no son defendidos más que por el 15% del Parlamento autónomo o, lo que es lo mismo, que nuestros representantes, generalmente tomados, no nos representan en absoluto. Por otro lado, las cifras de la encuesta demuestran también hasta qué punto la sociedad catalana es una sociedad enferma. ¿Cómo se explica, en efecto, que la inmensa mayoría de esa gente favorable al uso de ambos idiomas permanezca tranquilamente en su casa, aceptando con resignación semejante estado de cosas —el sondeo revela, como no podía ser de otro modo, que, entre los partidarios de una instrucción bilingüe en grados distintos, figuran muchos votantes de CIU y PSC—, en vez de armar, dentro de sus posibilidades, la de Dios es Cristo? Pues porque nadie desea significarse, ni mucho menos significar a sus hijos, en un país supuestamente imparable —Guardiola «dixit»— donde el nacionalismo, amo y señor de las instituciones, utiliza la lengua catalana ya como señuelo, ya como ariete, y, en toda circunstancia, como miserable peaje.

(Lee aquí el artículo completo)
Publicado por Jorge Arturo Muñoz @ 19:50   Comentarios: 0
domingo, 11 de septiembre de 2011
Lo que sobran son algunos profesores
Por Agustín Buades, publicado en Diario de Mallorca el 7 de septiembre de 2011.

Cuando empieza un curso escolar es sorprendete la cantidad de declaraciones gratuitas que se hacen en los medios de comunicación y me refiero a las declaraciones del señor Reurer el día 1 de septiembre. En dichas declaraciones y como titular destacado, por la línea editorial, se insinuaba el entierro de los colegios concertados. Ya salió la vena de pensamiento único del siglo pasado. Algunos siguen pensando que la educación debe ser neutra, menuda palabreja, y por supuesto con perspectiva de género, nueva acuñación de una ideología ya denostada del siglo XIX. Dignificar la profesión docente, como dice el señor Reurer, es en primer lugar conocer, respetar y valorar nuestra Constitución en la cual los padres tenemos el derecho inalienable en la educación de nuestros hijos.

Ese miedo atroz a la libertad que impera en ciertos sectores educativos solo puede acarrear la imposición de una manera de educar, de una dictadura del pensamiento. Si como se dice en la entrevista, los profesores deben ser lideres pedagógicos que creen empatías, no creo que lo consigan si siguen apostando por la restricción de un derecho fundamental como es el que nos asiste a los padres de elegir la educación de nuestros hijos según nuestras conviscciones ideologicas, filosóficas y morales. Sólo faltaría. Si sobran algunos profesores que piensen de esta manera ya que hacen un flaco favor a la educación, a la libertad y en definitiva a la democracia.
Ya les valdría mas hacerse un profundo examen de los pobres y miserables resultados académicos que cada año nos ofrece los distintos informes españoles , europeos y mundiales. Véase los informes PISA. Por ahí se dice que todo fracaso de un alumno es un fracaso del profesor. Háganselo mirar. Si las familias ya no están tanto por la labor –otra afirmación gratuita–, no les culpo a ustedes de ello, pero mucha empatía como lideres pedagógicos no tienen y sobre todo negando el derecho fundamental que nos asiste a los padres, la libertad de elección de centro.

¿La muerte del sistema público? A que me suena esto de todo publico sin contar con la iniciativa privada y la libertad de los ciudadanos. Que todo lo haga papa estado. Sigan ustedes así y la empatía será con ciertos regímenes políticos del pasado siglo. Los padres tenemos derecho a elegir la educación de nuestros hijos (en colegios públicos, concertados y privados) y en el momento que no sea así volveremos a un estado totalitario.
(Lee aquí el artículo completo)
Publicado por REBALEARES @ 8:55   Comentarios: 0
miércoles, 7 de septiembre de 2011
De por qué abandoné la enseñanza pública y tres sugerencias para mejorarla

Por Adrián Begoña, publicado el 6 de septiembre de 2011.


Hace dos años dejé la enseñanza. Llevaba 5 años como profesor de instituto público, y abandoné mi empleo a pesar de tener un trabajo fijo, un sueldo razonable y un horario que me permitía ir habitualmente a comer a casa. Con la perspectiva que da el alejamiento -en mi caso después de haber vivido la enseñanza muy de cerca-, me gustaría comentar algunas cosas acerca del oficio.

Un profesor debe cumplir religiosamente con sus horas lectivas. Además debe realizar guardias, cierta carga de trabajo burocrático -que cada año parece que mayor-, y todo aquél derivado de su posible cargo (tutor, jefe de departamento, jefe de estudios, etc.) Es cierto que el trabajo a partir de ahí depende en parte de su voluntad -si hace muchos exámenes o pide muchos trabajos, tendrá mucho que corregir; si realmente le gusta su materia, seguirá estudiándola en su tiempo libre; si lleva pocos años, deberá pasar mucho tiempo preparando clases-, pero la idea expresada por Esperanza Aguirre de que un profesor trabaja solo las horas lectivas es venenosa, además de falsa.

He leído en un blog que ”una hora delante de 30 alumnos es algo infinitamente estresante y agotador, y que muchos que hemos tenido anteriormente trabajos de oficina reconocemos como mucho más esforzado”. Esto es totalmente cierto, una hora de clase puede equivaler a tres de oficina, pero no siempre fue así. Un amigo me comentaba ayer que su madre daba 24 horas en secundaria, y que se jubiló obligada a los 70 años porque le encantaba dar clase. Mi padre disfrutaba muchísimo enseñando, y durante muchos años dio bastantes más de 30 horas de clase entre instituto y universidad. Mi época de estudiante de secundaria en un instituto público se remonta a mediados de los 90, a clases de 35 alumnos de las que el profesor no salía ni estresado ni agotado. Es verdad que si el profesor tenía poco carácter le vacilábamos, pero a poco que se pusiera serio, la clase fluía con tranquilidad. En aquel entonces yo ya pensaba que la enseñanza era francamente mejorable, que debía existir algún mecanismo para retirar de la pizarra a los malos profesores (¿una trampilla bajo la tarima?), y que el recreo duraba muy poco. Lo que se ha demostrado con el paso del tiempo es que el sistema era también francamente empeorable (y que la tarima no era un “símbolo de jerarquía que maliciona el proceso de enseñanza-aprendizaje”, como diría algún pedabobo, sino un instrumento muy útil para ver lo que se cuece en el fondo de la clase).

Las causas del deterioro de la enseñanza -en especial la pública- son variadas, y según a quién le preguntes: que si falta de inversión, que si los padres no controlan, que si los profesores no motivan, que si las leyes son un desastre (yo estoy con el último grupo, para los interesados, recomiendo leer el “Panfleto Antipedagógico” de Ricardo Moreno Castillo). Para no abusar de la paciencia del lector, me limitaré a exponer tres puntos que considero clave para mejorar la calidad de la enseñanza:

1. Sin disciplina, no hay educación posible. La disciplina en el aula, el silencio durante la explicación, el respeto a las normas que hacen posible la convivencia, no son ni de derechas ni de izquierdas: son condiciones técnicas sin las cuáles la enseñanza no es posible. Yo abandoné el oficio de profesor porque gastaba mucho más tiempo y energía en mantener el orden en la clase que en enseñar.

2. Hay que mejorar la formación que reciben los alumnos en primaria. Hay alumnos que llegan a secundaria con buenos conocimientos y hábitos de esfuerzo y trabajo. Hay otros que llegan a secundaria sin saber hacer cuentas básicas, leyendo a duras penas y sin haber aprendido a escuchar. Muchos de estos últimos han sido víctimas de una corriente pedagógica que se implantó en este país durante los años 90, que afirmaba que ni los conocimientos ni la memoria eran importantes, y atacaba la enseñanza tradicional por obsoleta. (Curiosamente, muchos de los que implantaron aquellas modas pedagógicas mandaban sus hijos a colegios donde se practicaba la enseñanza tradicional. Uno de los promotores de aquella reforma, Ministro de Educación entre 1992 y 1993, es hoy candidato a la Presidencia del Gobierno.)

3. Hay que adelantar el inicio de la FP a los 14 años. Es necesario ofrecer diversas alternativas a partir de cierta edad para que puedan formarse tanto los que tienen inclinaciones más académicas (matemáticas, ciencias) como más profesionales (peluquería, mecánica). El itinerario único de estudios hasta los 16 años se ha revelado ineficaz y frustrante para los profesores, pero sobre todo para los alumnos.

Evidentemente se pueden hacer muchas más cosas, como implantar una carrera docente que premie a los buenos profesores y penalice a los malos, pero quiero señalar que aplicar estos tres puntos requiere más de una inversión en sentido común que económica, algo a tener en cuenta en un país en el que el despilfarro de nuestros gobernantes ha llevado las cuentas públicas al borde de la quiebra.

(Lee aquí el artículo completo)
Publicado por REBALEARES @ 14:28   Comentarios: 0

Quiénes somos


El sistema educativo español, y el balear como ejemplo conspicuo, sufren una crisis que amenaza los cimientos de la sociedad. Una legislación errada, una dispersión absurda entre las diversas comunidades autónomas, un desprecio generalizado y asumido por las autoridades educativas por los valores del esfuerzo y de la disciplina y la discriminación del castellano en las comunidades bilingües hacen de España campo abonado para la ausencia de discurso crítico, la falta de competitividad y una democracia de baja calidad. Según los informes, el cincuenta por ciento de los escolares baleares terminan sus estudios obligatorios siendo analfabetos funcionales: ya va siendo hora de poner remedio a este drama. Un grupo de militantes de Unión, Progreso y Democracia, junto con profesionales de la educación próximos a esta manera de ver las cosas, han formado un grupo de trabajo cuyos intereses y actividades se reflejan en el presente blog. El lector está invitado a participar.



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